viernes, 14 de septiembre de 2012

No debemos caer en el juego. Hay que apretarse el corazón y reforzar a Capriles

Estamos a escasísimos días de lograr lo que queremos: cambiar el País. Lo que significa que no lo lograremos sino con la sacada de Hugo Chávez del poder.

Han pasado catorce años y él pretende llegar a veinte años y más y lo ratifica una y otra vez tranquilamente, con esta tranquilidad que da una mente enferma que se ha creado su propia fantasía y se aferra a ella desesperado porque para él , el poder es su objetivo de vida y cuando hasta vida está también en suspenso, sólo le queda cobrarle a los que le rechazan lo que según él y sus complejos, “le deben”.

¿Y qué le deben? Obediencia, servilismo, subordinación como él ha vivido por muchos años sin brillo alguno dentro de un uniforme vacío. En días pasados alguno informó que Hugo Chávez había considerado “retirarse”. Pero es que no es sólo su complicación mental lo que lo compulsa en esta enfermiza obsesión de poder: hay muchos “dolientes” que no lo dejan rendirse o buscar salidas, que no tienen como enfrentar lo que se les viene encima cuando este próximo 7 de octubre la voluntad nacional se manifieste, como ha hecho ya, en las urnas de votación. No voy a enumerar los que tienen frente a ellos el quehacer de un pueblo reclamando justicia. Están también los que se han arrodillado para compartir vicios e intereses y tiemblan ante la posibilidad cierta de perderlo todo. Y los chulos de oficio, y los que “velan” tras el poder demencial de una Venezuela bobalicona y cómoda de otros tiempos. Y los militares que confían en su suerte para hechizar con estrellas y botones dorados la ignorancia de un pueblo que los respetó un día.

Allí están hoy las acusaciones registradas formalmente ante el mundo de Aponte Aponte con los nombres y apellidos del equipo que comandado por Hugo Chávez mantiene a los presos caprichosamente tras las rejas. Y no se va a cobrar sólo eso que ya es bastante. Lo que nunca tendrán como pagar es la agresión constante a la ética, la decencia, a la consideración humana, al despojo, y a esta indecencia que nos hace imposible soportar respirar el mismo aire que ellos respiran.

Lo que hicieron con un video grabado meses atrás para convertir a Caldera en un corrupto mafioso, ellos, que están hasta el cuello en el fango de la más absoluta corrupción, es solo el estilo. Seguirá su curso esta intención voraz de confundir, de trastocar y destruir valores y hombres.

Lo importante es no caer en el juego ni perder las perspectivas: por más duro que sea, por más doloroso que sea. Hay que apretarse el corazón y reforzar a Capriles. Darle nuestra voz, defenderlo con nuestros brazos, caminar a su lado y ¡seguir adelante! Sin perder el tiempo ni dejarnos confundir porque ellos no van a descansar en sus propósitos de continuismo con Chávez o sin él, como si Venezuela fuera un botín que se repartirán a su antojo. Falta menos… Y el 7, estaremos juntos, confiados y seguros porque se trata de salvarnos…¡todos!

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ISA DOBLES