martes, 11 de septiembre de 2012

ISA al Día: Los primeros 100 días de dignidad.

Impresionante Henrique Capriles en su presentación de los primeros 100 días de su gobierno.
Tengo que reconocer que este muchacho, al que conocí cuando era el Presidente del Congreso en mi programa de radio, ha despertado en mí un sentimiento de admiración y respeto que me ha sorprendido a mí misma, cautelosa como es uno a los 80 años cuando se ha visto pasar tanto y se han sufrido tantas angustias y desencantos. Imposible que uno no lo siguiera con interés porque todo lo ha hecho bien. Y sobre todas las cosas, ha sido consistente en la defensa de los principios con que uno creció y educó a sus hijos y esos límites son los que importan en la vida. Y ese es el verdadero y más urgido requisito para este cambio que desgarradoramente necesita el alma de Venezuela.

No lo vamos a creer. Pero cuando prendamos la televisión y la figura agresiva y vulgar de Hugo Chávez no obligue la pantalla, cuando los insultos, las amenazas, las provocaciones y las violaciones constantes a la ética, el respeto y la clase no salgan como balas de esas pantalla, tendremos por los primeros tiempos que respirar aliviados y cerrar por segundos los ojos para dar gracias a Dios.

Porque este quehacer perverso, contaminante que por catorce años ha invadido nuestra vida, ha hecho un daño que no hemos todavía asumido en toda su dimensión. Porque esa es, tal vez, la deuda que ni todos los años que pudiera vivir, puede pagar este hombre.
Hoy, uno lo ve desde otra perspectiva porque esta la esperanza allí, tras cada bufonada, cada maniobra, cada estupidez. Pero siniestramente su presencia y su astucia inculta y autoritaria, vacía de razón y consideración humana, han hecho estragos en el espíritu de Venezuela.

Hoy uno, después de ver a Henrique sobrio, elegante, sentando sin aspavientos ni gritos la diferencia, veía a un Diosdado Cabello en el mismo tono, en esa mediocridad que no se reconoce y acude al sarcasmo que es sólo un lujo en los inteligentes, y vuelve a encontrarse con el peso de un muchacho superado, brillante, colocado en el momento oportuno en el espacio justo que exige este País.

La conciencia generosa de un equipo al frente de nuestro destino, ese “nosotros, Venezuela” que se niega a tapar la luz que da el otro porque con mezquindades no se construye nada, eso que Henrique convoca, es el cambio. El que viene de adentro.

¡Bravo, Henrique! ¡Aleluya, Venezuela!

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ISA DOBLES