jueves, 11 de noviembre de 2010

Ya no es posible seguir soportando el peso de Hugo Chávez

Desde Cuba, la octava estrella que Hugo Chávez no se atrevió a declarar y sede del cogobierno y “Asesoría revolucionaria” del régimen chavista, el “primer mandatario” de Venezuela se deleitó calificando a sus enemigos de siempre, “bandidos” y firmando nuevos convenios, ratificando otros, por los próximos diez años, dando por un hecho que en el 2020 volverá la isla a celebrarlo con el partido comunista y los gobernantes de turno, quizás hayan convencido a Fidel Jr. o un Raúl de casi noventa, aunque las “mujeres de blanco” y los estudiantes que hoy ya se rebelan ante la violación de sus derechos, puedan hacerse sentir.

Pero Hugo Chávez, con toda la desvergüenza de su personalidad y su enfermiza obsesión, sigue pactando a largo plazo como si los venezolanos no le hubieran arrancado a votos la mayoría y no existiera un solo venezolano luchando por la democracia y la libertad. Nosotros, los que lo superamos en votos en esta última agenda electoral, nos atrevemos a ver la Venezuela dura, difícil, después de Hugo Chávez. Estamos trabajando para que el 2012 sea definitivo y estas páginas tenebrosas de lágrimas, impotencia y miedo, queden como la referencia obligada de un pueblo desgarrado en valores, hombres y recursos para aprender una lección que no puede repetirse. Ya no es posible seguir soportando el peso de la morgue llena de cuerpos, los niños abaleados en sus mismas casas, los vandalismos en las expropiaciones, esta arremetida cruel contra el esfuerzo y el trabajo.

Pero Hugo Chávez no se atreve a verse fuera del poder… No se imagina a si mismo ya sin las reverencias, las alfombras rojas de sus socios complacientes, los dólares a mano para gastar y manosear, la ropa cara, los relojes de firma, los fluxes de sastres exclusivos que se ensanchan cada vez más, Cristina que llora en su hombro y los dictadores que lo abrazan, las espadas de bolívar que regala y los cuadros que pinta de un Fidel obligado por los pactos y el petróleo que ahora distribuye y tiene que “maravillarse” de su arte. No quiere verlo porque no puede asumirlo. Porque ese pueblo, el traicionado, el que ignora y desconoce, del que habla mal en todas partes, es el que paso a paso lo va poniendo en su sitio, lo ubica en su locura.

Ya no puede ir a los stadiums, a los lugares públicos, ya no puede moverse sino con su claque, con sus gorilas, con los cubanos, con otros bien pagados y con mucho miedo porque sabe que cuando la lealtad es pagada en una esquina hay quien pague más. ¿Qué sería de Chávez fuera del poder? ¿Se iría, como pedía en la Orchila, a Cuba? ¿Le darían ya el castillete de Batista, empedrado y protegido? ¿De qué hablaría con los Castro sin el poder? ¿Quién lo visitaría? ¿Cuántos años tardaría en salir de Venezuela después que los legajos de expedientes que nunca se han visto pero alguno debe tener, sean revisados? En sus más íntimos momentos… ¿Cómo rehúye ese futuro? ¿Cuántos se quedarán a apoyarlo? ¿Qué pasará con este pueblo cuando verdades terribles salgan a la luz sin el hermetismo canalla que todo lo esconde? Falta mucho por ver…

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