miércoles, 13 de noviembre de 2013

La Venezuela de la mediocridad.

Dime de qué presumes y te diré de que careces...
Y lástima para este “jactancioso” que pocos lo van a  reconocer porque es el mismo rostro de todos ellos. Hay algo que los caracteriza además de la vulgaridad y es el poquísimo respeto que tienen por Venezuela.  
Pero esto es la Venezuela de  la mediocridad. Porque vamos a ser honestos, esto es lo que les falta hacer a Diosdado o a Maduro.   Están presionando y ojalá  no pasara de esta foto porque se van con todo. Lo que no quieren ver y tal vez muchos de nosotros tampoco, es que ya la Venezuela opositora no es la misma.

Esto de los  ataques a los almacenes, ese “permiso oficializado” para violentar  la Ley y una Constitución que  transgreden a cada rato sacándola en una exhibición   cínica, pueden satisfacer y deleitar a los vándalos incentivados por el tonito y  el “retrecherismo” , pero la mayoría venezolana está harta de estas imbecilidades que saben conducirán a mayores desatinos y despotismos. Y no  se lo van a calar. La concentración del sábado lo demostró.
Hay un silencio tenso, no hay información sobre las elecciones sino una presión  que se corta con un cuchillo. Cada vez que actúan, que insultan, que amenazan que  arremeten contra los principios, marcan la diferencia trágica entre la Venezuela democrática y la de ellos. Entre la Venezuela  generosa y  decente y la de ellos. Su gente está asustada. Porque no toda es este muchacho vulgar y pretencioso, hay una  legión inmensa de venezolanos  rechazando, a pesar de su  confusión y  su adoración por el difunto, que  percibe en esta provocación y esta violencia, que  su propia vida y la de sus seres queridos es muy frágil en esta anarquía y este abuso.  Cada vez que  yo veo estas chabacanerías, y las de Diosdado, las imbecilidades de Arreaza que todavía no acaba de entender porque duerme en la Casona y es Vicepresidente del Pais, yo dejo caer al viento una pregunta necia: “Qué diría Bolívar de esto? ” A veces me da miedo que me conteste. Porque tendría todo el derecho de repreguntar con  ironía: “ Y me lo pregunta a mí que fui profanado en la íntima soledad de mis huesos sin que ustedes   reaccionaran?”

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ISA DOBLES