jueves, 10 de octubre de 2013

Nicolás Maduro Moros no existe mientras su partida de nacimiento no aparezca

 Aquí están...los padres de Nicolas Maduro...la pregunta es hoy... ¿qué pasó con ellos?  En que ha parado la investigación que iba a desplegar la Fiscalía de Colombia 

¿Porque están desaparecidos? 



¿Cuándo ha escuchado usted a Nicolás Maduro reconociéndoles con amor de hijo algo que nos dé una idea de sus sentimientos con quienes lo concibieron y trajeron al mundo?  

Por allí circulaba una información  sobre una de sus tías y el lamentable estado en que se la encontró.  Ayer, cuando de vez en cuando pasaba sobre  la impuesta cadena de horas y horas. Y lo veía allí con la banda tricolor, tratando de reafirmarse ante las hordas concurrentes  de siempre, pensaba en  el cuadro de una situación normal en la que estarían, por supuesto, sentados allí, esos padres perdidos en tiempo y en olvido, tal vez las hordas respetarían con su presencia la vulgaridad y violencia, tal vez Diosdado no  hubiera tenido que mentir para acabar con la cadena infinita acusando a la silenciosa bancada opositora de escandalosa  como mentira oportuna porque la habilitante no se dio y era insostenible  la presión. Porque la sola presencia de esos dos seres humanos  matizarían de ternura el momento  y el reclamo venezolano que hoy siente este pueblo manso  se acallaría con los ancianos que por supuesto estarían orgullosos y felices. viviendo  un momento feliz, tal vez nunca soñado siquiera. 

Esa concurrencia barata, violenta, vulgar a la que estamos acostumbrados, no es Venezuela. Esas son las células tarifadas y de terror que este  cartel  tiene a mano. Pero no  son Venezuela. 

Venezuela, la que  todos los días se insulta desde el poder, se amenaza, se descalifica y se humilla,  somos millones de millones. Y rechazamos esa figura que se auto condena cuando repite una y otra vez: “yo estoy aquí porque Chávez me puso aquí.” La contradicción de la democracia, de la transparencia, el uso amargo de  la ignorancia y la miseria para sus propósitos. 

Maduro habló horas de horas.    Pero desde la primera palabra todo era  mentira. Porque él es una mentira en sí mismo. Porque esgrimiendo la Constitución, la ofendía. 

La gran ofensa de un estúpido empeñado en engañar. Nicolás Maduro Moros no existe mientras su partida de nacimiento no  aparezca, y la Venezuela vejada, agraviada, ridiculizada  por las instituciones culpables y cínicas, sabe que esos millones lo reclamarán.
¡Y no les quedará más que rezar! ¿Y quién sabe? Entonces Maduro   tal vez rece al ángel de la guarda que enseñan todas las madres:

 “Ángel de mi guarda, dulce compañía”.


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ISA DOBLES