viernes, 5 de octubre de 2012

Venezuela nos necesita. ¡No podemos fallarle!

Cuando Pérez Jiménez  es sacado del poder por el pueblo organizado, yo estoy en Costa Rica   viviendo la expectativa de mi matrimonio y los nacimientos de mis hijos. No se me puede olvidar la emoción compartida con los exilados que habían sido mi gran familia, tratando de escuchar en un radiecito   las noticias  en la voz inconfundible del “Observador”. Diez años habían pasado desde el derrocamiento de Rómulo Gallegos, diez años de  angustias  y pérdidas terribles, lejanías y   despedidas. Después de la Junta presidida por Wolfang Larrazábal, el País vota por Rómulo Betancourt.
Mi primer voto es para Raúl Leoni. Menca y Raúl vivían pared con pared con nosotros en la Urb. San Pedro en San José. Mandábamos a callar a Raúl cuando tosía por el cigarro, y  él mandaba a callar a papá cuando  no descansaba el tecleo de la máquina de escribir. Rómulo vivía en la esquina. Luis Beltrán y Leandro Mora un poco más allá. Voté cuando Caldera y  por Carlos Andrés en aquella campaña única en la que  como locutora de Bolívar Films con Suarez Avendaño  narrábamos las noticias  sazonadas con la creatividad fresca, contundente, de Chelique  Sarabia. Después la contienda entre dos Luises: Luis Piñerúa Ordaz y Luis Herrera Campins. A pesar de conocer de toda la vida  adeca de mi padre, que nunca se inscribió en el partido pero lo  llevaba tatuado en el alma a Piñerúa,  voté por Herrera Campins, creía y sigo creyendo que era lo oportuno para  Venezuela. Insistió Piñerúa. Yo voté  otra vez contra él. Esa  preocupación por equilibrar el poder para   dar otra oportunidad a  Venezuela.
Tuve un protagonismo intenso  denunciando  su presión sobre los medios  en el Congreso y los tribunales con un Amparo por la libertad de Expresión. La Democracia lo permitió.  No voté por CAP, estaba fuera del País. Ramón Velazquez  da la cara por una Democracia  convulsa, debilitada, un venezolano de prestigio, de trayectoria limpia y honorable. Vuelve Caldera.
Aquella figura que me había  hecho reaccionar muchas veces  por su arrogancia, aquel hombre culto, joven, totalmente opuesto al Juan Bimba  de Andrés Eloy, me puso a prueba  como ser humano y como venezolana. Por fin lo entrevisté cuando ya anciano, enfermo, en un cumpleaños final, y por su hijo Andrés a quien amo profundamente, lo hizo posible. Y allí, frente a aquel hombre , aquel hombre de la democracia, con sus   aciertos y sus errores, pero dueño absoluto de su  clase y su propia historia, agradecí a la vida, a Dios, tener la oportunidad de   asumir el respeto y la comprensión por aquel demócrata que  a su manera  , había dejado su vida en la lucha por la libertad y el destino de Venezuela. A todos los unía la Democracia.
Este domingo vamos a votar. La decisión  nos urge a no faltar a ese compromiso por  esta Venezuela que nos apremia porque nos necesita. ¡No podemos fallarle!

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ISA DOBLES