martes, 17 de agosto de 2010

Lo único que impide el fraude es la gente. El arma es el voto.

La foto del diario El Nacional, tomada en la morgue de Caracas, tiene al gobierno corriendo de una institución a otra, o sea, de una a otra dependencia de Miraflores, tratando de condenar al periódico a través de la “Lopna” o lo que sea, a la que, según el Ministerio Público y denuncias hechas, “El Nacional” desconoce.
Inmediatamente apareció otra de las instituciones fantasmas, el Instituto de Derechos del Niño, etc., etc., anunciando una investigación penal. Todos los mecanismos engrasados por la orden implícita que tienen grabada en el cerebro, en la piel, en las manos, en todo el cuerpo, se dinamizaron.
Es el viejo chiste: un hombre es avisado del engaño de su mujer exhibiéndose con otro en el mismo sofá de la sala. El hombre, indignado, manda a quitar el sofá.
La inseguridad no se puede esconder, tiene que ver con el modelaje chavista y la impunidad. Y como aseguraba Miguel Henrique Otero, tendrían que investigar también a otros diarios que se regodean en sucesos terribles. Fresco aún está el crimen de los hermanos Faddoul en 2006, pero la lógica y la legalidad no tienen nada que ver.
La ley es Chávez. Y esa imagen gráfica mostraba la realidad del país, que desde que este gobierno llegó al poder se ha recrudecido vorazmente. Como si la imagen necesitara testimonios ratificadores, una “bala perdida” hiere a una jugadora china en la pierna y la representación deja el torneo, a pesar de que de celebra en medio de la seguridad militar del Fuerte Tiuna. La bala, según el gobierno, viene de “la vecindad de El Valle”. Aceptar por un momento que alguien armado actuara impunemente en ese espacio militar es, por supuesto, peligroso. Especialmente para Chávez. Y como si fuera poco, además de los muertos de la semana, donde no escapa ni uno que estaba viendo televisión en su casa, un autobús con 80 niños es atracado y en el torneo de los Criollitos de Venezuela, hay un tiroteo.
La foto de El Nacional es el sofá. La inseguridad no se puede ocultar. Los índices económicos se pueden alterar, evadir, pero las pérdidas humanas, los desaparecidos, los heridos, atracados, tienen vínculos dolorosos que gritan, lloran, acusan, reclaman y condenan. Venezuela es hoy una nación expuesta, debilitada en valores y principios. Argentina reclama por una mínima inflación y aquí el Ministerio de Economía espera que no pasemos “del 30%”. Además de la escasez de alimentos, mientras se pudren toneladas, los precios están por las nubes, inaccesibles, los hospitales sin respuestas, las clínicas privadas hasta el tope, desde las 5 de la mañana espera uno por la cita y el Metro impredecible en su mantenimiento y seguridad, Chávez va a reunirse con el presidente colombiano tras el usual insulto, y uno se queda con el corazón en la garganta pidiéndole a Dios que este energúmeno no salga con una de las suyas. Venezuela es un país de libertad, de ganada democracia. Y tiene una última oportunidad este 26 de septiembre.
Lo único que impide el fraude es la gente. El arma es el voto.

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ISA DOBLES