martes, 1 de marzo de 2011

Venezuela no es Chávez, no es Kadafhi

Imposible negar las atrocidades que están sucediéndose en Libia. No hay cómo esconderlas. Hasta un reportero de Telesur abundó en detalles en directo y eso después de sufrir el rechazo en carne viva de la gente, a la que obviamente le ha llegado el apoyo de Hugo Chávez al dictador que hoy tratan de sacar del poder y lo que demuestra cómo penetran las redes en el sentimiento de los pueblos.
Las escenas son terribles a pesar del control informativo, los relatos pasados de boca en boca, horrorizan. Pirámides de cuerpos amontonados asesinados con manos atadas a la espalda, militares que se negaban a seguir apoyando y matando en nombre de un ser enloquecido que no se considera obligado con la vida ajena sino dueño absoluto, sin normas o leyes, de los destinos de millones de almas.
Perú se adelantó al mismo Estados Unidos rompiendo relaciones con el país que crece en dolientes y coraje … y aquí, Hugo Chávez se une a Daniel Ortega y Fidel apoyando a Kadafhi que desnudó frente al mundo, no podrá cambiar lo que es.
Las interpelaciones en la Asamblea, marco de confrontación y cinismo, los estudiantes en huelga, el levantamiento de la huelga, la concesión del Comandante para el diálogo y soluciones que parecían imposibles, el caso de los inhabilitados en la Corte internacional, Egipto, Túnez, … y Libia!
Como un lobo esperando su presa, Hugo Chávez esperaba por la suerte del petróleo. Se juega una ficha peligrosa pero sigue jugando al azar.
Mientras el petróleo esté al precio de hoy, mientras ardan los campos de rebeldía y anhelos, confía que podrá pagar a Cuba, a Bolivia, a Nicaragua, a Argentina, que las importaciones que movilizan los sectores productivos del país y los convenios que se firman tras bastidores, no se detendrán.
No importan los principios, no importa el modelaje perverso ni las consecuencias.
Pero apoyar a un asesino de las magnitudes de Kadafhi, hoy, significa un precio muy alto.
Lo primero que hizo la “revolución bonita” fue quebrar eso, los principios del país. Así todo se trastocaba. Mendigar es honroso, expropiar es justo y corromper es necesario. Todo se permite. Es el “sucialismo” del siglo XXI. Rojo rojito. Como la sangre que se derrama hoy en Libia.
Cada día que se lucha mueren cientos, las multitudes cargan sus muertos en procesiones siniestras. De repente, cambió el mundo… la gente se atrevió. Renació la ilusión de ser libres, de pensar por si misma, de decidir en riesgo, de aventurarse.

Y se retó al poder. Al miedo. A la única opción permitida por la barbarie. La libertad resultó una necesidad más urgente, allá el poder con la riqueza, con el petróleo, con el silencio. Hasta en Irán se escuchó una voz rechazando la atrocidad asesina.
Aquí el hombre que ya no es mayoría, minimiza la identidad de Venezuela cómplice del hombre que no puede esconderse del desprecio y la muerte. Venezuela no es Chávez. No es Kadafhi.
Debimos haber salido de nuestras casas a apoyar la libertad que ya no podrán ver quienes mueren en manos del tirano. NO lo hicimos. Estamos en deuda.

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ISA DOBLES