sábado, 12 de marzo de 2011

Porque quién sea nuestro candidato el 2012 porta la esperanza

Hasta ahora, la realización de las próximas primarias parece acordada. No serán antes de diciembre. Y es una lástima… Es un poco difícil convencer a los políticos de lo importante de la emoción en las decisiones electorales aun cuando hemos sido acusados una y otra vez de ser “hormonales” por lo menos. Diciembre es un mes de afecto, de “blandenguería”
como decía Rómulo Betancourt. La publicidad, los niños, los aguinaldos, los juguetes, todo eso conforma un marco afectivo que no se puede ignorar. En estos últimos años hemos estado sometidos a presión. Las fiestas son aprovechadas por Chávez. Nosotros, los que podemos, volamos.

Los que nos quedamos vivimos una especie de sopor, nos sumergimos en el ajetreo tradicional y entregamos nuestra impotencia y hasta desesperación por esos días esperando que el año nuevo no nos quite algún ser querido, que “matriculemos” todos y el año sea por fin el “año”. Y este 2012 es… Podemos imaginar como va a ser. Y también estos meses desde aquí hasta las elecciones. Entonces… ¿Por qué perder ese estado de ánimo de las Navidades y el fin de año sin darle oportunidad al candidato elegido de actuar? ¿De compartir? ¿De celebrar? ¿No cambiaría eso el sentimiento de aprehensión que hemos vivido estos últimos años?

¿No se le permitiría al candidato entrar a nuestra emoción de alguna manera? Tenemos que llenar todas las expectativas y todos los espacios. Todos los corazones. Donde no esté él estará la publicidad oficialista y estará su candidato con toda la desventaja y desproporción que ya está en marcha. Buscarán, como hacen hoy con “el primer congreso constituyente”, fechas y personajes. El candidato de la oposición no va a tener nada fácil despertar esa ilusión dormida del espíritu del ciudadano que tiene eco en las fiestas de Navidad. Sobretodo para un país que como el nuestro no ha hecho sino llevar “palo y palo” desde la tragedia de Vargas, las tensiones electorales, fraudes, amenazas, insultos.

La elección del candidato mantendrá en vilo la tranquilidad, la confianza. Con el candidato, el objetivo común será en el 2012. Para los políticos hay otras exigencias como la consistencia, la convocatoria, el empeño. La emoción hace falta. Y no sobra alimentarla con ternura, con afecto, en compañía. Porque esa decisión primaria nos pondrá en un ánimo distinto, de impaciencia, ansiedad, y hasta desconfianza. No lo cambiará que nazca otra vez Jesús ni que no haya otro deslave. Es una decisión trascendental en la que estarán involucrados venezolanos distintos, inesperados, un Consejo Electoral cuestionado, cualquier imprevisto. Compartir con nuestro candidato fechas como estas nos acercará al elegido de manera distinta. No esperaremos con el corazón en la mano que no pase nada malo sin poder evitarlo.
Tendremos una luz… porque ese hombre o mujer que reciba ese acto de fe de nosotros, lleva sobre si la esperanza. Estará comprometido a hacerla, con nosotros, realidad.


Isa Dobles

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