sábado, 22 de enero de 2011

Ese “YO” necesita ayuda y no quiere aceptarlo

¡Bueno! Definitivamente, ya no hay lugar a dudas! El País no puede seguir ignorando que lo que estamos viviendo con la conducta incoherente, agresiva de Hugo Chávez, se sale ya de lo normal.
Ya nos hemos acostumbrado a sus cambios de humor, a su narcisismo, a su impetuosidad desbocada, a sus amenazas y engolamientos, a su agresividad y desvaríos, pero ni son normales ni seguros para la salud de Venezuela.
No es un rumor, ni un invento, ni son “bolas” para atacarlo. Yo no soy siquiatra ni abogada, no sé de términos jurídicos y cualquier pretensión de hurgar en mentes ajenas me inspira respeto, nunca me he atrevido a hacerlo. Soy sencillamente una venezolana preocupada por lo que nos pasa y lo que veo, lo que siento, y lo que intuyo. Por lo que está a la vista.
Tal vez los micros de Globovisión de “Usted lo vio” no lleguen a la mayoría, tal vez tampoco son suficientes para poner cada acto, cada gesto, cada insulto, amenaza o incoherencia en la que el “presidente” cae a cada momento, pero están allí, son evidencias que están a la orden de cada uno y todos los venezolanos.
Creo que en el fondo de esta agobiante angustia que vivimos hay un temor contenido por esto que nos deja ver Hugo Chávez, por ese descontrol, esas confrontaciones consigo mismo, esos exabruptos incontenibles que hablan ya de una personalidad aquejada que necesita ayuda, y en el torbellino de sus desórdenes y fantasías, no puede frenar las reacciones que una y otra vez y peligrosamente, violentan y exponen la vida de la Nación.
Ya nada nos sorprende… pero ya tampoco hace gracia. El mismo público aplaudiendo, irresponsablemente, hechizado por un animador barato que no puede vivir sino en pantalla. Un verbo incitando al odio, la venganza. Una convocatoria tenebrosa que sin límites, enfermiza, y perversa, induce a la anarquía invocando una diferencia de clases que Venezuela llevaba superado ya desde hace muchos años. Y sobre las diferencias y el odio no se construye.
La conciliación es el único camino. Pero esos no son los objetivos… masacrar, enterrar, triturar…expropiaciones, invasiones, impunidad. Hoy un cordero, mañana otra vez “el coco”, el dueño, el “Libertador” del siglo XXI convertido en “Comandante” por los regalos, las conciencias compradas, el poder absoluto. Pero aquí estamos, espectadores de este teatro con un solo protagonista y un vasto público que se obliga a aplaudir, a reír, a levantar el puño por vicios, por intereses turbios, por miedo y por ese hechizo que es la ignorancia frente al que ordena, el que grita, el que vocifera. Al desenfreno que reta la razón.
No se trata ya de un hombre poderoso con ínfulas de tal o cual cosa. Un militar con suerte… un pueblo equivocado, traicionado. No. Es una Venezuela en peligro, hoy puedes ser tú el que maten, el que secuestren, el que expropien, el que invadan.
Cualquier exabrupto es posible, cualquier cosa puede pasar porque hoy sí mañana no, hoy te quito mañana te doy, yo, yo, yo, ese “YO” necesita ayuda y no quiere aceptarlo, no lo puede reconocer, biológicamente no puede aunque quiera.
Esa es la gran tragedia.


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ISA DOBLES