domingo, 16 de enero de 2011

Aquí se trata de la Democracia

Yo no tengo muchas esperanzas en que la OEA llegue a alguna conclusión. Y no lo aseguro por echarle tierra a Insulza, sino porque si es cierto que cualquier decisión, fallo a documento depende de los estados que componen el organismo internacional, por ello resulta casi imposible. El mismo Insulza da origen a esa desconfianza. Hizo obvia la posición ambivalente de los Estados.

Y es lo que hemos venido viendo desde que las leyes promulgadas por Chávez salieron a la luz. Aquí no se trata del Secretario de la OEA ni de fulanito o sutanito ni del organismo internacional. Aquí se trata de la Democracia. Y es inconcebible como se ha quedado sin dolientes.
Uno ve a Santos, a Piñera, por nombrar apenas dos de una lista que se supone larga, hombres y mandatarios que se jactan de ser democráticos, de una autoridad moral que garantiza la salud y el progreso de los pueblos, y se queda esperando que alguno alce la voz contra los atropellos que contra misma Democracia se hacen. Han tenido todas las oportunidades para defenderla, para hacer sentir un peso cierto en el destino de la libertad y la justicia, es noticia cotidiana la violación a la Constitución y el avance de un proyecto que ahoga el espíritu de Venezuela, que controla, limita y agrede derechos y recurso humano, y un hermetismo cómplice, hipócrita, es la respuesta única ante el compromiso ineludible de la transparencia y la lealtad a principios y valores.
En Unasur, abrazándose unos a otros en la fotografía de rigor, uno los veía y tenía que preguntarse con el corazón helado de incredulidad y decepción: “Y quien va a ponerle cascabeles al gato? ¿Estos? Porque no se trata, insisto, de frenar a un militarcito folklórico, bufón de sí mismo, que arriesga al país en sociedades peligrosas, colmado de graves desórdenes de personalidad, feo, rollizo, vulgar, que traicionó a la gran mayoría que lo eligió en el juego democrático ofrecido, que regala lo que no es suyo, amenaza, insulta…y etc. No.
Los poderosos pasan… y los pueblos quedan. Y Venezuela ha luchado mucho para ser libre. Su democracia ha costado mucha sangre y un arduo y doloroso aprendizaje. Con todos sus errores, es perfectible. Cuando no somos libres estamos luchando para serlo. Yo escribía en estos días que y lo sigo escribiendo, que ponerle fin a esta pesadilla es asunto nuestro y lo conseguiremos cuando cada hombre, cada mujer, ejerza con responsabilidad y valor el oficio de ser venezolano. Ningún otro, nadie más, va a hacer lo que nosotros tenemos que hacer. Nos sentiremos mejor cuando lo logremos, volverán el entusiasmo, la ilusión y la fe. Tendremos que hacernos sentir en el peso de nuestro destino.
Saber el tamaño mismo de nuestro compromiso que comienza desde que nacemos y se nos pone sobre los pequeños hombros “venezolano”.

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ISA DOBLES