sábado, 22 de marzo de 2014

Somos la misma piel

Porque  creen que lo de los Derechos Humanos lo podrán solucionar con  $$$$$$ o con petróleo o con  el servilismo  de quienes todavía  no despiertan del encanto de una ideología  que no tiene nada que ver con ellos ni con este “socialismo del siglo XXI”, que como las “misiones” y los ministerios encontraban en la creatividad  del “difunto” la mediocre cursilería que le era característica.

Maduro no tiene la más mínima idea. Lanza al mundo sus discursos, manipulando hechos que ya no aguantan el peso de la verdad: “28 muertes de las 29 ocurridas son imputables a la derecha. Nosotros actuamos correctamente en el uso de la fuerza pública”. Y no entiende porque no responden a su convocatoria “de paz y de respeto”. ¿Quién le cree? A Diosdado un periodista chileno le informa sobre las agresiones sufridas, y cuando sabe que es chileno, Diosdado, el “mediador” entre Estados Unidos y Venezuela, le contesta: “Hemos visto como se reprime en Chile, no nos van a “echar cuentos”…Y precisamente es de Chile, hoy otra vez en manos de una presidente comunista, que las páginas de los Derechos Humanos cuentan el caso de Pinochet.

Hoy, es muy difícil, aún con la represión sangrienta a ciudadanos y medios, ocultar esta realidad brutal. Y los venezolanos que conforman esta resistencia los que sufren secuestros, heridas espantosas, torturas inimaginables, destrozos y muertes; así como también sus familiares que se quedan con el corazón en la mano rezando para que regresen, están listos para ayudar.

Celulares, cámaras, hasta dibujos hechos en el fragor de los hechos. Uno se angustia porque no cree que haya organización, pero allí siguen, indetenibles. Pero Venezuela sigue sufriendo ese mal terrible que la caracteriza y que unida a la ignorancia, conforma una personalidad difícil y hasta lastimera: ¿Conformismo? ¿Comodidad? ¿Indolencia? Todo se traduce, muy dolorosamente, en “falta” de un montón de cosas como la solidaridad, la fe, el entusiasmo, la perseverancia. Porque lo que hoy se necesita es todo eso junto.

Hemos sufrido tantos años de irrespeto, de salvajismo, hemos sido obligados espectadores de otra Venezuela vengativa y cruel. Y necesitamos todo lo que no tenemos para ser lo que Venezuela necesita hoy. No podemos desoírla. Allí están los estudiantes, despertando, luchando por un destino nacional de paz, progreso y convivencia que debe obligar a los indiferentes a unirse a estas fuerzas de ideas y valor. Donde ganan la cobardía y la conformidad prosperan la obediencia y el abuso. No nos está permitido ser indiferentes con el otro venezolano que lucha por nosotros rescatándose a sí mismo de ser espectador para convertirse otra vez en creador de su propio destino.

Cada venezolano caído tiene que humedecer nuestros ojos. Enlutar nuestro corazón. Cada tortura sentirla propia.

Columna original para Analitica.com 






 

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ISA DOBLES