viernes, 20 de abril de 2012

El Poder Judicial un manoseo sucio al servicio de lo inmoral

Aponte Aponte… ¿Cómo puede uno ver esto que vimos esta noche y no sentir que un ala negra, tenebroso, entra a nuestras vidas? eso fue lo que yo sentí a escasos días de tomar posesión Hugo Chávez y desde ese instante no he descansado en mi lucha contra todo lo que él representa. A mí me cuesta muchísimo entender, aun con mi mejor esfuerzo, que se tenga que caminar por el pantano pretendiendo salir de el sin salir enlodados. Que se traicionen los valores enseñados por nuestros padres, en el hogar, que se ignoren los principios con que se ha caminado la vida entera. Qué puede justificar una posición así como la de este hombre que demás tiene en sus manos algo tan neurálgico, tan dolido, como es la justicia? La ignorancia? Podría ser lo único, esa ignorancia letal para hombres y pueblos y con la cual avivan los canallas, la esperanza que nunca se hace realidad por inconveniente. Mientras Aponte hablaba, yo seguía sintiendo esa sensación. Esa angustia por lo que vive mi País, esta pasión por la que he crecido, trabajado. Lo que declaro Aponte Aponte no es nuevo. Pero siempre da miedo. No es que el discurso violento y grosero del Presidente y sus funcionarios dividan a los venezolanos, despierten el odio, inciten lo peor de nosotros mismos. No es que toda esta basura que da asco, que da miedo, esto espantoso de por las calles y los cielos que comparten inocentemente los buenos, los decentes, canallas jugando con y mutilando la moral y la paz de los venezolanos , manoseando derechos, y todo eso desde el poder absoluto otorgado por la confianza de millones traicionados por militares que debían ser defensores de territorio, almas y recursos. Esto obscuro, viscoso, que desde el poder destruye, contamina, quita el aliento, ahoga, es la Venezuela de hoy. Asustado, titubeante, agobiado por lo que interpreta como la gran traición, Aponte Aponte deja claro como Hugo Chávez decide vida y muerte de los venezolanos, como los presos políticos que si los hay, no saldrán nunca por una orden que se obedece sin cuestionar. Como lo que queda en claro de tanta obscuridad es la vileza del poder. Desde La Habana, el titiritero que mueve los hilos de este teatro triste, canalla, no puede rebatir al títere….Donde usted voltee, allí están los otros…Y esta Venezuela que tenemos que rescatar. Que limpiar. Que sanar. Difícil. Pero como en todo donde el instrumento es el amor….un reto a ganar!

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ISA DOBLES