martes, 26 de julio de 2011

Buenos Aires de Macri

Buenos Aires tiene su particular peso en la decisión popular y Macri, después de cuatro años de gestión, apoyado en las “juntas” comunales, una juventud apasionada trabajando con alegría, convenció
Con tantas noticias precipitadas, no había comentado algo que es interesante para quienes como nosotros y es el triunfo absoluto, contundente, de Mauricio Macri en Argentina. Como en las elecciones parlamentarias pasadas, el “kirchnerismo” fue barrido por la oposición. Hay una obligada segunda vuelta que hasta se duda en celebrar, por la enorme ventaja obtenida. Ahora viene la provincia de Santa Fe.

La confirmación de la candidatura de Cristina no pareció, en lo más mínimo, convincente para los bonarenses que se lanzaron a votar contra ella. Aunque el poder es, como aquí, una bien lograda caricatura de una “democracia moderna”, los medios de comunicación están en el discurso y la conducta de la trama “revolucionaria”, son varios ya los casos de presión, la corrupción campea, y la relación gaucha-venezolana tiene ya sus matices de obvia complicidad.

Buenos Aires tiene su particular peso en la decisión popular y Macri, después de cuatro años de gestión, apoyado en las “juntas” comunales, una juventud apasionada trabajando con alegría, convenció. Ni siquiera el football, que es la primera pasión de los argentinos, distrajo a los macristas de su misión. Demostrar que Argentina no se cree todos los cuentos, que está alerta, que hechos repudiados como el premio otorgado a Hugo Chávez por la Universidad de La Plata, no son ajenos al sentimiento íntimo de los argentinos, que Antonini y De Vido están en su memoria, que este lastimoso suceso que implica a las Madres de Mayo con el gobierno en el que millones de dólares pasan de mano en mano sin claridad, sin transparencia, no han dejado de sentirlo, de verlo, de criticarlo. Es verdad que los argentinos llevan como al tango mismo, la debilidad de una mujer en el poder desde Evita, enmarcada en otra época, en otra historia.

Pero allá todavía hay instituciones, un Poder Electoral que garantiza resultados. Esta decisión se respeta, no permitiría sus ciudadanos que un intento de rechazo a esa decisión fuera intentado. Nos llevan una ventaja. Grandísima. A estas alturas, nosotros sabemos bien poco como estamos, seguimos dependiendo de esta inquietante espera, el alma colgando en un hilo mientras el ardor, la emoción, están frenadas impotentes ante las órdenes cumplidas por el servilismo político que avivado con el habitual histrionismo de un hombre que no sabremos cómo justificar en nuestra historia, sufrimos cada hora, cada minuto, cada día. Nos sentimos burlados, humillados, maltratados. Y tenemos razón. Porque lo hemos sido. Lo que cada uno no puede contestarse sin titubear es esa inclemente pregunta: “Cómo hemos permitido que esto llegue hasta aquí”?

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ISA DOBLES