martes, 20 de septiembre de 2011

La clase y altura de Leopoldo vs la soberbia de Chávez

No hay sonrisita ni dulce de lechoza. La decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos falló a favor de la Justicia. Inhabilitado, acusado, insultado y condenado, Leopoldo López es hoy un ícono de lucha, coraje y perseverancia. Un ícono de una Venezuela que necesitamos ser, que nos merecemos. La decisión es imperativa. Convoca a obedecer lo irrefutable y constitucional.
Y lo hace cuando Hugo Chávez entra a su cuarta quimioterapia, lo que no cambia en absoluto al personaje, biológicamente no puede cambiar su personalidad.
Difícilmente Venezuela puede pasar por alto la imagen de Leopoldo López hoy ante los que fueron personalmente a felicitarlo y las cámaras que no lo desperdiciaban en gestos y alegría. Es el triunfo de todos.
Conocí a Leopoldo muy joven, y he seguido su trayectoria con entusiasmo y confianza. Desde su lucha por los jueces de paz he compartido sus sueños y lo he visto crecer, solidario, con esa pasión que contagia y alegra el alma.
Las declaraciones de Nicolás Maduro, las adelantadas de otros funcionarios, la presencia de Carlos Escarrá como Procurador y por sobre todo esa soberbia natural del poder y el personalismo de Hugo Chávez, dicen de una posición de rechazo ante lo obligatorio de esta decisión.
Solo la incultura política puede negar el artículo 23 de la Constitución que da a “los tratados, pactos y convenciones relativos a derechos humanos, suscritos y ratificados por Venezuela, jerarquía constitucional y son de aplicación inmediata y directa por los tribunales y demás órganos del poder público”.
Pero como todo lo que se burla cada día de esa Constitución, depende de su interpretación “en la medida en que contengan normas sobre su goce y ejercicio más favorables por esta Constitución y las leyes de la República”. Es el “guabineo” que tras cada letra, tramposamente, dictó la creativa redacción “revolucionaria” y para los que realmente actuaban de buena fe, era aceptable y hasta sublime. Por supuesto que no le conviene a un gobierno disminuido, vociferando su alianza con dictadores, con Gadafii, negarse a obedecer.
Pero eso nunca le ha importado a Hugo Chávez.
La Constitución es violada en casi todas sus líneas como cuando establece que será de la competencia del Poder Público Nacional las obras públicas de interés nacional, el régimen general de los servicios públicos domiciliarios y en especial electricidad y agua potable.
Pero no acatar esta decisión, hoy, sería una torpeza dramática. Claro que Leopoldo representa una provocación para este gobierno porque todo el camino que lo ha traído hasta este fallo histórico lo ha transitado con clase y altura humana y política. No ha desentonado, ni se ha rendido. Ha enseñado que hay otra manera de hacer las cosas no es insultando o agraviando, empujando o mintiendo. Es la Venezuela posible y la que queremos para nuestros hijos. Es un aliento para esta lucha desventajosa, cruenta, que nos obliga a seguir. Es recuperar la fe.
Yo estoy feliz por todos, por esta Venezuela que somos. ¡Porque sí se puede !

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ISA DOBLES