martes, 24 de mayo de 2011

La amnesia de Santos

Todo está tan disparatado en el mundo, que ya uno no tiene espacio sino para lo inconcebible, aquello que nunca pensó o era incapaz de pensar porque sencillamente, uno no es así. Porque nuestros padres se esforzaron por educar en el respeto y la consideración, en señalar límites que significarían la seguridad para nosotros más adelante, que asumiríamos lo malo y lo bueno no porque lo bueno fuera lo que ellos querían o les era más cómodo o conveniente, sino porque era lo ajustado a esos valores y principios fundamentales de la familia y la vida, esas leyes de vida que muchas veces no está ni escritas, pero están allí.
Hoy, en nuestro entorno y nuestro país lo bueno es lo malo y lo malo es lo bueno porque lo vocifera el poder. El poder en unas manos sostenidas por botas, una voz que insulta y amenaza, un cuerpo fornido y rollizo metido en un uniforme de estrellas o botones doradas con los colores en alguna parte de una bandera manoseada como el nombre y la figura del hombre que hasta hace muy poco creímos descansaría en paz.
Entonces cuando la Corte de Justicia de Colombia declara que el contenido de las computadoras de Raúl Reyes no puede ser tomado como evidencias porque no son legales, y allí leemos lo que nos ha sido familiar por tanto tiempo, uno se atreve a suponer muchas cosas que jamás antes hubiera pensado.
Y no crean.
Uno se asusta. Porque siente de pronto que ya uno no es la misma, que esta suspicacia, esta desconfianza, es ajena, que hay una contaminación en el aire que se nos mete en el espíritu donde más ninguno ni nada debe entrar.
¿Por qué? Porque los intereses no le dan paz a los valores. Por lo que hemos visto, esta “amistad” de Santos con Chávez, que es el máximo protagonista de las computadoras, ha asentado en la cabeza de Santos una amnesia que le ha permitido actuar con un alto grado de lealtad o encantamiento con Chávez contra la esperanza que muchos teníamos que estas evidencias y la dura confrontación de su ex mejor amigo, Álvaro Uribe, lograran por fin poner “cascabeles al gato”. O sea, ese magullamiento de los valores contra los intereses. Que es, en esta convulsa búsqueda de la democracia, trascendente y trágico.
A nosotros no nos tiene que decir la Corte de Colombia que el Presidente de Venezuela recibió al enviado de las FARC a reunirse con Chávez que lo atendió en la puerta del Palacio de Miraflores porque nosotros los vimos tal y cual lo señalan los archivos y correos cruzados. O que Piedad Córdoba no estaba aquí… O que Chávez no aboga por cambiar el status político a las Farc o que no se hizo un monumento y él pidió un minuto de silencio a Marulanda que consta en los expedientes gráficos y de video de la TV colombiana. O se mueve la amarga política contra Uribe en las instituciones, o “la amistad” de Santos está súper activa con Chávez, o yo soy muy mal intencionada. Que les juro, no lo era.

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ISA DOBLES